Una sustancia lechosa, de textura plástica, se
derrama mientras Alfredo Rodríguez encaja su machete en el árbol del
chicozapote, abundante en las selvas del este de México y del que se
sostiene con una soga amarrada a la cintura y con botas armadas con
espuelas.
Con un cuerpo digno de un boxeador, este bigotón de 50 años cuida
todos sus movimientos: un pequeño error, como cortar por accidente la
cuerda, lo lanzaría en una dura caída que le rompería los huesos.
"En
este trabajo no está permitido cometer errores", dice Rodríguez
mientras corta unos siete metros de la corteza del árbol, de abajo hacia
arriba, creando un camino en zigzag por el que corre la resina del
chicle, que se deposita en un bolsa.
Es el riesgo que corren los
"chicleros" desde finales del siglo XIX para extraer esta resina, el
ingrediente que dio lugar a la goma de mascar y que proviene del árbol
del chicozapote, que se cultiva desde los tiempos de los Mayas en la
península de Yucatán.
Europeos y asiáticos, ansiosos de mascar chicle natural
Los
chicleros, que se las tienen que ver con con jaguares y víboras
venenosas y escalar árboles de 30 metros de altura, casi estuvieron
condenados a desaparecer cuando los productores de goma de mascar
estadounidenses crearon ingredientes sintéticos luego de la Segunda
Guerra Mundial.
Pero al igual que los árboles de chicozapote que
viven durante cientos de años, los chicleros se las arreglaron para
subsistir y ahora están de regreso gracias al antojo de los asiáticos
por mascar un chicle de origen natural, que se ha contagiado a los
europeos.
Los chicleros han conseguido en los últimos tres años
producir y vender su propia goma de mascar, marca Chizca, sabores menta,
hierbabuena, limón y canela en más de 15 países, la mayor parte en
Europa, además de Australia e Israel. Japón por su lado importa el
chicle en bruto para producir la golosina.
El Consorcio Chiclero, que
reúne a 56 cooperativas en el estado de Quintana Roo (este), asegura
que las ventas de chicle se han incrementado 47% en un año, pasando de
1,2 millones de dólares en 2011 a 1,8 millones este año.
"Si mascas
Chizca, te llevas la selva a la boca y por lo tanto contribuyes en la
conservación", comenta Manuel Aldrete Terrazas, director de Consorcio
Chiclero, al asegurar que la iniciativa contribuye a la conservación de
la selva.
Según distintos historiadores, mayas y aztecas habrían
mascado chicle para mantener sus dientes limpios y engañar el hambre,
aunque sus técnicas de extracción de la resina podrían haber sido
distintas.
La goma de mascar moderna fue creada por el científico
estadounidense Thomas Adams en el siglo XIX, que lo conoció luego de que
Antonio López de Santa Anna (1794-1876), el polémico presidente en cuyo
gobierno México cedió sus territorios del norte a Estados Unidos, se lo
mostró como alternativa al plástico.
El chicle no dio resultado como
sustituto del plástico, pero Adams lo convirtió en goma de mascar y se
popularizó cuando los soldados estadounidenses lo distribuyeron por todo
el mundo en la Segunda Guerra Mundial. Después, llegaron los
ingredientes artificiales.
"Fue prácticamente abandonado en 1970",
comentó a la AFP Jennifer Mathews, autora de "Chicle. La goma de mascar
de las Américas: de los antiguos mayas a William Wrigley".
El
Consorcio Chiclero fue creado para salvar a la industria, luego de que
una mala administración en la década de 1990 hizo que la producción de
chicle casi desapareciera, con sólo 1.000 chicleros trepando los
árboles.
Actualmente son unos 2.000 chicleros que viven en pequeñas
comunidades como Tres Garantías, en Quintana Roo, cuyos 800 habitantes
tienen en la explotación del chicle y de otros recursos forestales su
principal fuente de ingresos.
Los chicleros escalan varios árboles en
un día y tienen que esperar horas para que la sustancia plástica se
derrame y caiga en las bolsas al pie de los árboles. Producen hasta 200
toneladas de chicle anuales.
Luego de que un árbol es rebanado,
tienen que pasar siete años para que cierre la herida y estar listo para
la cosecha en la época de lluvias, entre agosto y febrero.
"Es el ciclo de la vida", explica Raymundo Terrón Santana, de 68 años y presidente de la cooperativa chiclera de Tres Garantías.
"Cuando
una mujer da a luz, es con dolor. Y cuando el chicozapote da la resina,
la da con dolor cuando el chiclero la pica", añade.
Luego de
recolectarla, Rodríguez lleva la resina a un campamento en la selva
utilizado por los chicleros para fermentarla en calderos colocados sobre
fuego alimentado con madera. La sustancia hierve por cuatro horas en
medio de mariposas que vuelan atraídas por las llamas y el grito de los
monos a la distancia.
Fuera del fuego y ya tibia, es colocada en un
molde en forma de ladrillo para ser llevada a la pequeña fábrica
Consorcio Chiclero.
En dos días de trabajo, Rodríguez produce 13
kilogramos de chicle, con los que gana 810 pesos (unos 62 dólares),
comparado con los 100 pesos (unos 7,6 dólares) que ganaría trabajando en
el campo.
"Convivo con la naturaleza y obtengo algunas ganancias para sacar adelante a mi familia", señala.
Rodríguez
ha escalado árboles de chicozapote desde los 15 años y se ha caído dos
veces. Hace siete años, se fracturó una costilla y se le desviaron los
discos en la columna. La lesión persiste pero él sigue subiendo.
"Dios tiene otro destino para mí", concluye.
Una
sustancia lechosa, de textura plástica, se derrama mientras Alfredo
Rodríguez encaja su machete en el árbol del chicozapote, abundante en
las selvas del este de México y del que se sostiene con una soga
amarrada a la cintura y con botas armadas con espuelas.
Es el riesgo
que corren los "chicleros" desde finales del siglo XIX para extraer esta
resina, el ingrediente que dio lugar a la goma de mascar y que proviene
del árbol del chicozapote, que se cultiva desde los tiempos de los
Mayas en la península de Yucatán.
Luego de que un árbol es rebanado,
tienen que pasar siete años para que cierre la herida y estar listo para
la cosecha en la época de lluvias, entre agosto y febrero.
Fuente: yahoo
noviembre 29, 2012
Grupo Dragon, Agroquímicos: Insecticidas, Fungicidas, Herbicidas, Etc